La serie Images d’un monde flottant tiene su origen en la contemplación, en extrañar lo que vemos y en reconsiderar la ambigüedad perceptiva que se manifiestan en el paisaje. Sus composiciones se caracterizan por la carencia de perspectiva y sombra, formas redondas con suaves contornos, imágenes que progresan hacia el interior atravesando la superficie y adentrándose en la ilusión de la imagen. El paisaje se convierte aquí en una imagen intangible pero transparente, misteriosa y con numerosos ecos a otros lenguajes. La serie privilegia la abstracción de formas, la línea difusa, ofreciendo siempre una salida por dónde la imaginación pueda deslizarse.
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