Soñar, tal vez vivir.
Article publié dans le magazine FV à propòs de l'exposition Crónicas de un desembarco dans la Casa Golferichs.
Barcelone, 2007.
Érase una vez la historia de una mujer con cinco hijos, al que la vida y sus circunstancias se le lleva por delante a uno de ellos y que en un aparente ataque de locura decide alejarse físicamente de los cuatro restantes, enviándolos por barco a diferentes lugares del mundo, perdiendo el contacto con todos ellos, excepto con uno que acaba asentándose en Nueva Cork, en donde encuentra trabajo como buzo (¡ironías del destino!) en el muelle de la ciudad de los rascacielos. Esta historia, ciertamente alucinante y un tanto inverosímil, realmente sucedió a principios del siglo XIX, en un pequeño pueblo irlandés. Cuando el relato llegó a conocimiento de Israel Ariño (Barcelona, 1974) de boca de varios familiares lejanos (y directos) de la protagonista de este increíble cuento decimonónico, no precisamente de hadas, que podía inspirar desde Guy de Montpassant a David Lynch, no pudo trasformarlo en imágenes, de una belleza sin igual. El autor de "Crónicas de un desembarco" título monográfico de esta preciosa serie que se acaba de exponer en la Casa Golferichs de Barcelona, lo describe de una forma mucho más ambigua e irreal: "Crónicas de un desembarco podría ser una serie más literaria que fotográfica, que parte de un pequeño relato que por casualidad llega a mis oídos en una tarde de invierno. La continuación y el rastro dejado por esta historia me sitúan en un pueblo castellano: Maderuelo. Allí tomo contacto con Lennie y su hija Rebecca. Las imágenes son en cierta manera la anotación de aquellos hechos, el descubrimiento de un lugar insólito para mí. Y, ¿como no?, el recuerdo y la memoria de aquellos que participaron e hicieron perdurar sus historias con emoción y esplendor ante mis ojos".
Ante semejante historia, Israel Ariño podría haber optado por una reconstrucción más o menos verídica, más o menos realistas de los hechos anteriormente expuestos. Pues no, su reconstrucción visual (llevada a cabo, eso sí, sobre el terreno en el árido y bello paisaje de Maderuelo, con la activa participación de Lennie y Rebecca, madre e hija, a la vez que parientes lejanos de los protagonistas de esta simpar historia, sin los cuales esta historia no habría llegado a sus oídos) es un espacio imaginario en el que únicamente tienen cabida la imaginación y el lirismo, la memoria y el ensueño, algo que, dicho sea de paso, entronca con el resto de su obra, que se concreta en series tan sugerentes como "Espacio Imaginario", Cuentos de Cristal Oscuro", "Barcelona Silente" o "Fantasmagories", esta última en proceso de realización. De nuevo, Israel Ariño acude al ayer y utiliza el pasado para dar forma (y sentido) a un viaje imaginario hacia su propio interior, en el que transforma unos hechos insólitos verdaderamente insólitos y desgarradores, en unas arrebatadoras visiones oníricas, que basculan de la vigilia al sueño, de la abstracción lírica al surrealismo.
Ya desde sus inicios, las fotografías más significativas de Israel Ariño (cuya trayectoria se inicia a principios de los 90, siendo en estos momentos uno de los más interesantes fotógrafos españoles, con un mundo propio que ya quisieran para sí otros muchos fotógrafos, incluidos los más viejos de lugar) tienen un marcado trasfondo onírico, reconstruyendo con suma habilidad y extremada originalidad los aspectos más ocultos y recónditos de oscuras memorias y mundos sumergidos en el alma humana, cuando no se recrea en enigmáticas ficciones icónicas, en los que la naturaleza y sus componentes más significativos (caso sin ir más lejos de "Crónicas de un desembarco") tiene una activa presencia, y en las que es insignificante el hecho de que hayan existido o simplemente sean fruto de su imaginación.
Este portentoso mundo imaginario, de carácter lírico, onírico e intimista, en el que el silencio la memoria, la soledad, la melancolía y las nieblas purpúreas tienen una singular importancia, en su caso inevitablemente unido a una investigación fotográfica de signo alquímico, cuidando hasta los más mínimos detalles de la copia fotográfica, en su plano más artesanal, algo que en los tiempos que corren es muy de agradecer, tanto en el caso de las imágenes en las que la postvisualización y la manipulación de los productos químicos tiene una singular importancia (caso, por ejemplo de "Espacio Imaginario") como de aquellas otras series, en las que la imagen básicamente surge en el momento del disparo, como, por ejemplo, en "Crónicas de un desembarco". Antonio Molinero Cardinal
Magazine FV 7-10/2007
|